Peter se quedó en shock. Había pensado que con disculparse sería suficiente. Creyó que, si mostraba arrepentimiento, ella lo perdonaría. Ahora se daba cuenta de lo equivocado que estaba. Sus acciones no tenían que ver con Bianca, sino con aliviar su propia culpa.
Peter dejó escapar una risa triste.
—Tienes razón. No tengo ningún derecho a pedirte perdón. No lo merezco. Este es mi castigo.
Bianca lo miró largo rato, su rostro completamente inexpresivo. No recordaba ningún momento feliz con él.