Bianca le había dado diez millones de dólares. No era solo suficiente para vivir... era como si le hubiera dado una segunda oportunidad de vida.
—Bianca… gracias… gracias… —susurró Peter, sosteniendo la tarjeta con las manos temblorosas. Por primera vez, sintió que haber criado a Bianca no había sido en vano. De todos sus hijos, ella era la única que realmente se había convertido en alguien de quien podía sentirse orgulloso.
Justo en ese momento, sonó su teléfono.
Era Ashley.
Peter se quedó