Skylar llevó a Reece al jardín, una amplia extensión de terreno privado.
Había flores por todas partes. La mayoría ya se había marchitado por la temporada, pero los crisantemos seguían radiantes y llenos de vida.
La noche estaba tranquila. No había nadie más cerca. Las lámparas esparcían una luz suave que hacía que el jardín se viera sereno y hermoso.
—Este lugar es increíble —dijo Reece, sin poder apartar la vista de los crisantemos.
Justo después de hablar, sintió un calor repentino en su m