Al ver la expresión curiosa de Reese, Bianca soltó una risa. Le apretó suavemente la mejilla, que, a pesar de su figura delgada, permanecía carnosa y agradable al tacto.
—Todo está bien entre nosotras. No lo pienses tanto, Reese.
El toque juguetón de Bianca hizo que el rostro de Reese se retorciera en una sonrisa. Extendió la mano, tratando de atrapar la mano de Bianca, con las palabras amortiguadas.
—Qué alivio. Entonces, ya no tengo que preocuparme.
Bianca se dio cuenta de que las preocup