Stacey continuó, con lágrimas corriendo por su rostro. Se había vestido a propósito con un viejo uniforme de sirvienta de su época trabajando para los Scott, y convenció a Peter de ponerse una camiseta de algodón desgastada.
Ambos parecían genuinamente pobres y desesperados.
Su ropa sencilla y el drama en la voz de Stacey comenzaron a sembrar dudas entre los presentes, que empezaron a murmurar entre ellos.
—¿Será cierto que está usando el dinero de su familia para su amante?
—Es tan joven y