El impulso de Michael casi lo llevó a seguir desnudando a Sophia, pero un dolor repentino en su brazo lo detuvo.
Sophia le había dado una patada certera, obligándolo a soltarla.
¡Y entonces, una fuerte bofetada le cruzó la cara!
Su cabeza se giró por la fuerza del golpe.
—¡Michael, eres un maldito!
Cuando volvió la mirada, vio a Sophia cubriéndose con las sábanas de seda en la cama, con lágrimas rodando por su rostro.
Su mirada reflejaba pánico y asco. Su cuerpo temblaba ligeramente.
Al darse c