Pero al encontrarse con la mirada despiadada de Felipe, aquella ira volvió a quedar sofocada casi al instante.
—Felipe, ¿no habrá algún malentendido entre nosotros?
—¿Un malentendido? Hoy quisiste matarla. ¿Desde cuándo crees que tienes derecho a meterte en mi vida?
Cada frase de Felipe estaba cargada de una arrogancia y una frialdad que hacían hervir la sangre de Rosa.
—¡Yo no hice nada!
Felipe arqueó una ceja.
—¿Ah, no?
—No puedes creer solo la versión de Lucía. ¿Quién sabe qué comió para term