Silencio.
Todos los ojos estaban pegados al monitor.
Y en la pantalla, las formas de onda irregulares y caóticas se aplanaron al instante en una línea perfecta y estable.
Las alarmas se callaron. Las luces ámbar se pusieron verdes.
“Imposible,” respiró Ethan, los labios todavía entreabiertos por el shock. Cuando vio los ojos de Lyra en él, cerró la boca y se irguió. “Vaya suerte la tuya.”
“Entonces tú también deberías haberle atinado. ¿O tenías miedo de equivocarte?”
Ethan solo carraspeó pero n