Roman miró fijamente a su padre durante un largo momento. Demasiados pensamientos cruzaban por su cabeza, demasiados hilos tensándose al mismo tiempo.
Entonces eligió la mentira más fácil.
—No —dijo Roman con calma—. No la conocía de antes. Solo me parece… sexualmente atractiva.
Alexander carraspeó, visiblemente incómodo.
—Como quieras. —Hizo un gesto con la mano para restarle importancia, pero luego sus ojos se agudizaron—. Solo no la arrastres a cualquier juego que estés intentando jugar. E