—¡Échate para alla! Todavía me falta lo mejor.
Max alzó las manos en disculpa, aceptando esa especie de regaño y se dirigió al baño para asearse.
—¿Me buscas unas bragas? No me voy a poner estas. —Ella lanzó la tela que acababa de recoger del suelo de la cocina, que a pesar de estar todo pulcro, le daba idea que sus partes íntimas hicieran contacto con la tela.
—Como usted diga, señorita de Bastidas.
Ella se rió, ya él venía haciendo esa broma de mencinar el apellido. Lo que Carla no sabía, era