Carla lloraba, la rubia se daba cuenta lo mucho que el tema le afectaba y que no era para menos.
La esposa de Max secó sus lágrimas de nuevo.
—Me da tanta lástima esa mujer… Tanta, Claudia, tanta… No es posible que haya visto solo una parte de lo que ese imbécil le hacía y fui impotente completamente, no pude ayudarla, no pude evitar que no la matara.
Claudia cubrió su cara con sus manos, un momento rápido para esconder lo terrible que le hizo sentir esas palabras. Luego, retiró las manos de