HAILEY
El aire estaba cargado con el olor a humo y sangre. En cuanto entré en la habitación, lo vi.
A Ryan.
O a Ares.
Su lobo se había manifestado por completo, y verlo me provocó un escalofrío, no de miedo, sino de una profunda y persistente ansiedad. Su enorme cuerpo estaba tenso, los músculos ondulando mientras una rabia apenas contenida emanaba de él en oleadas. El brillo dorado de sus iris se había vuelto negro, con los bordes parpadeando como las brasas de una llama que se apaga.
Y a sus