LYNA
Con los nervios a flor de piel, caminaba de un lado a otro con rapidez por nuestro pequeño claro mientras el sol se filtraba a través del denso follaje del bosque. Ni siquiera la majestuosidad de la naturaleza podía calmar la tormenta que se desataba dentro de mí, aunque el aire estaba cargado con el fresco aroma a tierra y pino.
Hacía horas que Aaron se había marchado y, aunque confiaba en su juicio y en su fuerza bruta, sentía que el pecho se me oprimía de ansiedad. Aurora, mi pequeña,