HAILEY
El aire estaba cargado de emoción, pero también cálido por el consuelo de la familia. Estaba sentada con Alexia en el silencioso salón, disfrutando del raro momento de paz mientras le apartaba un mechón de cabello del rostro.
—Sabes que siempre me tendrás a mí, ¿verdad? —murmuré, dejando que mis dedos se demoraran en su mejilla.
Ella dudó, sus ojos azules buscando los míos como si intentara encontrar la certeza que una vez había conocido.
—Lo sé —susurró, aunque podía oír la incertidumbre