Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo cuarenta y ocho
El juego ha terminado— ¡No tiene pulso! —Anuncio, deteniendo cualquier movimiento. Con rapidez, comienzo con las maniobras de respiración cardio-pulmonar. Una y otra vez lo intento con todas mis fuerzas, pero es inútil. El corazón de Luciano se niega a latir.
— Catarina…— Déjame —ignoro las advertencias de Camillo.— Rina…— ¡No está muerto! —Declaro en un tono demasiado alto—. ¡No puede morir! ¡No te dejaré morir!






