69. UN PASO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA
Están acostumbradas a que mis visitas sean siempre en la tarde, así que hoy decido adelantar mi recorrido. Al llegar al jardín, encuentro a Rebeca sola, sumergida en la lectura bajo la sombra de un árbol. La luz de la mañana resalta la suavidad de su piel, y por un instante, me detengo solo para contemplarla.
Parece que, al igual que en la hacienda Ortega, aquí tampoco puede evitar madrugar.
—Buen día —digo, sentándome a su lado en la base del frondoso árbol.
Rebeca alza la vista, sorprendida.