118. UN ANTIGUO AMOR
—Solo quería acabar con esta tontería lo antes posible —afirma Pablo, caminando de un lado a otro en mi despacho—. Nunca imaginé que algo así podría pasar.
—Ya quédate quieto, me estás mareando —respondo, cansado de verlo lamerse las heridas.
El día ha sido largo, y ya no soy joven para soportar tantas emociones de golpe.
Pablo deja escapar un bufido y, tras unos segundos de indecisión, finalmente se deja caer en el sillón. De un solo trago, vacío el vaso que le serví.
—No puedo creer que ese mo