—¡Debiste decirle que esa prueba de embarazo no era tuya! —exclamó, y a su lado Elliot se tambaleó, mientras su hermano lo sostenía rápidamente.
—¿¡Q-qué!? —medio gruñó y medio susurró.
—La prueba de embarazo que Emma tenía en la mano el día que la encontraste no era suya. —Para ese momento Emma y