—Kali… —murmuró llevándose las manos a la cara, sin poder imaginar a dónde había ido a esa hora.
Pero lo cierto era que Kali no había ido a ningún sitio nuevo. Había caminado por más de diez calles, por el simple hecho de caminar, de avanzar hacia algún lado, y cuando se había sentido demasiado can