No sé por qué, pero inclino mi cabeza hacia adelante y le permito que me separe el cabello con sus suaves manos del tamaño de una pala e inspeccione mi bulto recién formado.
—¡Oooh! Ya es del tamaño de un huevo. ¿Seguro que estás bien?
—Estoy bien. Ya me he acostumbrado. Soy muy propensa a los accidentes —susurro.
Me alisa el pelo para que vuelva a su sitio. Es más tierno de lo que imaginaba.
Nuestras miradas se encuentran y una extraña energía estática pasa entre nosotros.
—Necesitas árnica. M