Lincoln
—Buenos días—, saludo alegremente a todos en la oficina del personal.
Los saludos y —heys— mediocres responden entre murmullos.
Si este fuera mi equipo, los haría vitorear y animar cada mañana. Los motivaría a dar lo mejor de sí en el trabajo.
Pero no me corresponde reciclarme. Al fin y al cabo, es una práctica temporal, y no le he dicho a nadie que soy director y copropietario de un resort de cinco estrellas en Escocia por miedo a que me vean con otros ojos.
Quiero ser parte del equipo