XXIV...
Los ojitos de Aria derramaban lágrimas, mientras veía al hombre frente a ella sonriendo con suficiencia – ya sabes Aria, si no deseas perder a la mocosa, te vas a casar conmigo
- ¡Nunca me voy a casar contigo! – alertando a los demás comensales – ¡Johanna es mi hija!
- ¡Claro que no, es una bastarda a la que acogiste por caridad! ¡tú hija la asesinó el muerto de hambre con el que te casaste! – Aria queda en shock – ¡así que ahora mismo vamos al notario y nos casaremos! – tomando con fuerza el b