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…RILEY…
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—Ojos en la carretera, Riley —me ordenó en voz baja, aunque los suyos estaban clavados en mis tetas.
La carretera era un río desierto de cristal negro. Sin pensarlo, di un volantazo y me metí por un camino secundario estrecho, devorado por árboles que colgaban sobre nosotros. Estábamos completamente solos, el mundo borrado por las cortinas implacables de lluvia. Ahora sí conducía despacio.
Su mano abandonó mi pecho, bajó por mi estómago y mis caderas se alzaron solas, buscando