42. La llamada
Por la mañana despierto un poco tarde, voy directo a la ducha como siempre, me pongo ropa informal y bajo a la cocina.
—Papá —me recibe mi pequeña con los brazos abiertos, iluminando mi día.
Me acerco a la mesa, la lleno de besos haciéndola reír y levanta su manita ofreciéndome fruta. Tomo un pequeño trozo y al probarlo lo saboreo exageradamente, parece que logra su cometido y continúa comiendo.
—Buenos días —saludo.
—¿Cómo estás, hijo? —pregunta Nelly.
—Muy bien —respondo y me acerco a darle u