29. UN DÍA EN EL HOTEL
—Buen día, esposa mía.
Sus palabras, acompañadas de aquella bella sonrisa, son todo lo que necesito para espantar el sueño. Está recostado a mi lado y sus bellos ojos miel me observan de manera ¿tierna? No estoy segura del porqué, pero eso acelera mi corazón. Tanto tiempo juntos debe estarme afectando más de lo que imaginé, pues quiero besarlo y no tengo intención alguna de reprimirme.
Sería ilógico reprimir mis ganas de un beso después de todo lo que hicimos anoche.
—Buen día, esposo mío —cont