Esa noche después de dejar a su jefe de regreso en su casa, Miguel fue a cambiarse en la habitación de empleados para ir hasta su apartamento. Mientras se desvestía, oyó algunos ruidos extraños pero que él conocía muy bien. Por lo que se asomó en el pasillo y sorprendió a Hermes y Margaret en una situación algo comprometedora.
—¡Mierda! —exclamó y la pareja que se devoraba a besos palideció al ver que alguien los había visto.
—¡Miguel! —dijo Margaret empujando con fuerza a Hermes para que s