Esta vez y, no lo digo literalmente, hemos descendido al centro del inframundo. El hedor a mugre, moho y podredumbre perfora mis fosas nasales y me provoca náuseas. Me detengo a mitad de la escalera, asqueada por el repugnante olor. No puedo con esto.
―Voy a vomitar.
Les informo al elevar la mano y apretarme la nariz con los dedos. Tengo el estómago revuelto. Si no salgo de aquí cuanto antes, voy a vomitar lo poco que encima de todos.
―Toma ―giro la cara y fijo la mirada en el rostro del demo