Ella se separa de mí y me sujeta el rostro con sus manos para mimar mi cara con sus besos, luego se detiene de forma bipolar.
—¿Cómo que en demonio Rocky? —me reclama enojada— ¿Acaso mataste a tu lobo? Claro que lo tuviste que haber matado, o sino no estuvieras aquí.
—Yo no lo hice, él se mató para sacrificarse por su mejor amigo —le hago una mueca de asco y ella niega desaprobando lo que digo.
—¿Por qué hablas como si tuvieras otra personalidad, Rocky? —me pregunta confundida.
—Porque así es,