Elena bajó las escaleras con paso firme.
Impecable, el vestido rojo ceñido marcaba cada línea de su cuerpo con una elegancia imposible de ignorar.
Los tacones sonaban contra el mármol con una precisión casi calculada.
La cartera, grande, estructurada… demasiado grande para un simple paseo.
Lucía apareció desde el fondo.
—¿Va a salir, señora?
Elena asintió con naturalidad.
—Sí. Voy al centro. Necesito algunas cosas.
Nada en su voz delataba nada.
Lucía dudó apenas un segundo.
Pero no cu