Catalina observó esa escena con gran envidia.
Sostenía sus puños fuertemente, sus uñas casi se clavaban en su propia carne.
¿Quién se creía esta Estrella? Claus solo podía ser su hombre.
Solo de ella.
Después de que Estrella hiciera sus elecciones, Claus finalmente le entregó el menú a Catalina y le preguntó: —¿Tienes algo más que añadir?
Catalina se acarició el cabello con coquetería y miró a Claus con ojos bastante encantadores. —Tú decides. Después de tantos años, mi gusto no ha cambiado