Caín estaba tumbado en la camilla del hospital, sin ánimo ni capacidad de resistencia. No quedaba rastro alguno de su habitual aspecto animado. Parecía un gallo herido después de una pelea.
Por supuesto Estrella no dejaría pasar esta oportunidad. Sus ojos brillaban con burla y su tono llevaba también desprecio:
—Esta vez te han roto la mano; la próxima puede que te maten. Ten cuidado cuando te enfrentes con mujeres.
Caín estaba tan enojado con Estrella que se marcaban las venas de su frente.