MARTIN.
Al llegar al departamento de Elise, nuestras bocas no se separan en ningún momento mientras caminamos al sofá, ahí me siento con ella sobre mi, comienza a rotar las caderas creando una deliciosa fricción que me hace gruñir.
Le aprieto los glúteos y la presiono más en mi entrepierna, succióno sus labios, se remueve más y me avisa que esta por tener un orgasmo, no la detengo ya que quiero que quede satisfecha, por eso en unos segundos más, se estremece y cae sobre mí.
—¿Te gustó? — indago