El eco de los gemidos entrecortados de Taryn hizo que el centro empapado de Zoey palpitara y arrancó un siseo agudo al hombre que la penetraba despacio.
—Ah... ¿Intentas aplastarme por dentro?
—Bueno... yo... —Zoey fingió inocencia. Aquella fachada de ingenuidad ocultaba con maestría su experiencia y los perversos pensamientos que le cruzaban la mente.
¡Apriétate a su alrededor! ¡Haz que pague cada una de sus embestidas!
Apenas unos instantes antes, él había hundido en ella toda su longitud sin