Cooper
—Sabes, Sarah me preguntó si alguna vez había estado desnuda en el jacuzzi. Ahora puedo decirle que sí.
Sonrío a Mandy desde el otro lado del agua. Las curvas bronceadas de sus generosos pechos asoman por encima de las burbujas. Parece una diosa reclinada frente a mí, con ambos brazos extendidos a los lados, las puntas del pelo mojadas por el agua y esos hermosos ojos verdes fijos en mí, haciéndome sentir el hombre más afortunado del mundo.
Cada segundo que la miro, siento que me hundo m