Capítulo 20
Pero ahora, viendo en lo que se había convertido, el pecho de Francisco estaba apretado por el dolor.

—Señorita Acosta, no diga eso, Fran y yo no somos lo que usted piensa. —Mónica enrojeció e inconscientemente se agachó detrás de Francisco: —Nosotros... no...

—Moni y yo estábamos enamorados, tú fuiste la que intentó con todas sus fuerzas tener un hijo para tenerme atado, y ahora no solo no sabes ser la señora de la Cruz, sino ni siquiera ser una madre.

—¿Dónde diablos está Sonia? Entrégamela y no me hagas enojar.

Francisco hizo una mueca, con su gran cuerpo frente al de Mónica, temeroso de que esta pudiera resultar herida de algún modo.

Era un pequeño gesto subconsciente que no mentía, y los pequeños gestos subconscientes así eran los más reveladores, para que Nieves entendiera que realmente quería a Mónica y no a ella.

Incluso Sonia se convirtió en una víctima inocente porque no la quería.

—Está muerta.

Los ojos de Nieves bajaron al constatar una vez más con calma este hecho.

Sonia e
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