En plata renacer

En plata renacer ES

Helena Escobar  En proceso
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Resumen
Índice

«Ella siempre vivió aterrada por él; la calamidad, mas nunca entendió el porqué.» Hace tiempo el destino fue truncado y es tiempo de retomar la senda que él escribió. Es tierra de monstruos y los humanos deben esconderse si no desean perecer. Las leyendas eran reales y la supremacía del hombre fue derrotada desde su propio talón de Aquiles. Mientras tanto, dos almas destinadas se repelen y buscan, una con temor y la otra con anhelo, pues es hora de la venganza del destino contra aquella bruja que retrasó sus designios y la voluntad de un lobo es perfecta para traspasar las barreras del miedo y el polvo.

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Prólogo
Lazo."El hombre es un lobo para el hombre."Thomas Hobbes. El leviatán (1651). La niebla aquel día se apoderó del bosque e hizo una alianza con los monstruos, aunque depende de a qué se considere como uno. Quizá, más que ser oportuna para llevar a cabo un encuentro fatal, la niebla fue hilo conductor de un irrefrenable y caprichoso destino, que superaba a los cuentos y leyendas, con una historia que se quiso contar. Los sonidos y aromas del bosque ocultaban a dos humanas. La menor, una niña de cuatro años, poseedora de unos ojos que al permanecer siempre tan abiertos, parecían estar por descubrir los más grandes secretos. Era una chiquilla peculiar, pues su piel pálida, víctima del ajeno sol que no conocía esas tierras, lucía como si estuviera cubierta de polvo, una capa gris violeta que la volvía parte de las tinieblas. Ni
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Uno
I. Reencuentro."Apenas nazco, me encamino hacia la muerte."Corrió de la manera más discreta que pudo, como un animalito indefenso. Se aseguró de sentir los pasos detrás de ella y cuando los oyó, continuó con su trote hacia el refugio, que constaba de un claro escondido entre enredaderas y arbustos de fuerte aroma, sellados desde adentro con cascarones de árboles muertos. Procuró entrar sin develar el interior de aquel lugar, pues si alguien se percataba del gran escondite que ahí había, perderían su espacio y la poca seguridad que poseían. Se quitó los polvorientos harapos de encima cuando ya estuvo adentro y segundos después percibió el mismo ruido de la ropa cayendo, pero con mucha más rudeza. Su camarada había llegado.—¡Todo ese esfuerzo por unas míseras bayas!Niel observó con pasividad a quién profería tales quejas; su única amiga y persona con la cual tenía contacto desde que era niña; Brinda. La muchacha en cuestión
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Dos
II. Del otro lado.Me quise fundir con el invierno,me quemé a mí mismocon mi propio hielo,me convertí en nieve silenciosaque cae sobre los cristales rotos.El dolor, la sangre invisible,¿acaso no habrá renacer?Un hecho puede marcarlo todo,pero no respiraré esperando más.El aguante ya no soportay el frío me sofoca.Si pudiese elegir una de sus memorias más preciosas, sería el Norte y su blancura eternal. Al pensar en su niñez, lo primero que acudía a su mente eran los picos de las montañas, espolvoreados de nieve y luz. Recordaba todo como nítidas fotografías porque sus ojos tenían una memoria sin igual, lograban calcar cada imagen con precisión y era así como él lograba transportarse a aquellas épocas preciosas.Sin embargo, su memoria más preciada y que guardaba con mayor recelo, no estaba grabada en la totalidad por
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Tres
III. Valor.Sintieron como si el tiempo se hubiera detenido. La mujer aún le daba la espalda al lobo mientras éste le observaba en agitado silencio. Mas de improvisto, como un golpe letal a su corazón necesitado, ella se volteó, conectando sus miradas en ese, su segundo encuentro. Carbón y plata se mezclaron, el mundo echó a andar con ellos, el destino retomó su curso negado de hace tiempo. El lobo no podía creerlo, tantos años de búsqueda, de frío, sin poder dormir, viviendo atribulado porque le habían mostrado lo que le correspondía sin dejarle obtenerlo. Y ahí estaba ahora, su luna, su contraparte, Níniel; la doncella de las lágrimas. Las lágrimas que lloró por ella y las que le permitían verla claramente. Su compañera. A pesar del profundo terror del que era víctima en ese momento, Niel
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Cuatro
IV. Actuando.Después de una exhaustiva búsqueda en aquel lugar, que estaba infestado de trampas, uno de los muchachos, con olfato admirable, logró reconocer el aroma a lodo entremezclado con sangre. Debían ser ellas. Les costó el resto del día encontrarlas, pues algunas trampas aún conservan decentes camuflajes y debían andar con pie de pluma para no caer en ellas.Nilah casi soltó un sollozo de alivio cuando reconoció el hilo de su perfume flotando en el aire, aunque estuviese opacado por aquel preocupante hedor a miedo y sangre. Sin perder más tiempo optaron por presentarse con su aspecto humano, ya que la primera impresión que causaron con sus lobos no fue la mejor. Se acercaron con cautela a un agujero que había en el suelo, otra posible trampa para animales que lucía lúgubre y honda. Oyeron una respiración errática y se detuvieron, esperando con paciencia a que las mujeres hicieran su aparición. Y lo hicieron, pero no de una forma que podrían esperar.Leer más
Cinco
V. Fuerza.Mi papá siempre dijo que sólo el más fuerte sobreviviría. Al verlo vencedor sobre las bestias, nuestra mayor competencia en el mundo y nuestros iguales en cuestiones de jerarquía, lo creí el más fuerte y por lo tanto, quien sobreviviría. Yo también lo haría, sería la más fuerte así como él, y lo demostré cuando maté mi primer cerdo. Me había lanzado sobre él y clavado una filosa piedra en su cogote, ganando, siendo más fuerte. La mirada que me dedicó mi papá fue el paraíso. Estaba orgulloso de mí. —¡Brindemos por mi hija y por la sangre cazadora que corre por sus venas! Muy pronto, nos volveremos invencibles y con nuestro poder derrotaremos a esos malditos monstruos. ¡La gloria será nuestra! Todos alzaron sus cuencos y bebieron, borrachos po
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Seis
 VI. Bestias. Hace mucho tiempo nadie llamaba a Niel por su nombre, el apodo había pasado a convertirse en su nueva identidad. Pero el lobo negro la había llamado por su nombre sin siquiera habérselo dicho y con tal intensidad que siempre le provocaba un vuelco en el estómago. Sus nervios durante esos días conviviendo con los monstruos estaban destrozados, a pesar de que no se cruzaban mucho ya que ellos tenían la costumbre de dormir de noche. Aun así ella estaba al borde de un colapso nervioso, víctima del miedo e insomnio, por lo que no cabía posibilidad de resistir una conversación entera con el verdugo de su vida, la más terrible de sus pesadillas. Y lo peor no era eso, sino que él en sí era un enigma, pues Niel nunca tenía idea de qué estaba pensando, cuáles eran sus intenciones o cuándo iba a saltar a hinc
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Seis
 VI. Bestias. Hace mucho tiempo nadie llamaba a Niel por su nombre, el apodo había pasado a convertirse en su nueva identidad. Pero el lobo negro la había llamado por su nombre sin siquiera habérselo dicho y con tal intensidad que siempre le provocaba un vuelco en el estómago. Sus nervios durante esos días conviviendo con los monstruos estaban destrozados, a pesar de que no se cruzaban mucho ya que ellos tenían la costumbre de dormir de noche. Aun así ella estaba al borde de un colapso nervioso, víctima del miedo e insomnio, por lo que no cabía posibilidad de resistir una conversación entera con el verdugo de su vida, la más terrible de sus pesadillas. Y lo peor no era eso, sino que él en sí era un enigma, pues Niel nunca tenía idea de qué estaba pensando, cuáles eran sus intenciones o cuándo iba a saltar a hinc
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Siete
VII. Planes.—¡Pero qué dices!—¿Dónde están los otros?Ambas humanas charlaban en susurros. Brinda, tendida en el sofá y con los vendajes expuestos, observaba confundida a Niel, quien se había arrodillado a su lado después de entrar con la frente ensangrentada y diciendo incoherencias.—La anciana salió y el otro no sé.—Planean comernos —soltó Niel sin contemplaciones. La pelirroja abrió los ojos grandemente—. Lo dijo un lobo allá afuera, e intentó comerme también. Dijo que ellos nos tenían aquí en su territorio porque éramos su porción de la cacería que hicieron cuando nos atraparon.—No jodas...—Debemos irnos lo más pronto posible. ¿Cómo están tus heridas?—Todavía abiertas —informó la cazadora con congoja. Se sentía como un lastre.—No te preocupes, buscaré una manera de irnos sin ponerte en riesgo.Leer más
Ocho
VIII. Veneno.Habían pasado trece días desde la llegada a la cabaña de Nilah. Las humanas se recuperaban a buen paso y el tiempo se hacía nulo, pues cada quien tenía sus propios asuntos que atender. Brinda se la pasaba tendida en el sofá, Niel curioseaba el territorio bajo el ojo vigilante de Nilah, Darío iba y venía como un nómade y el dueño de casa tenía un balanceado horario que le permitía ocuparse de sus cosas sin perder de vista a Níniel. No era que desconfiara de ella, pero podía oler a kilómetros sus ganas de escaparse. Era muy transparente en ese sentido. Mas no le molestaba tener que echarle un ojo cada tantos, pues no se cansaba de admirar su armónica faz, ya que era lo único que podía obtener de ella. No habían vuelto a hablar después del incidente del híbrido, no se cruzaban casi nunca y Niel ni siquiera lo miraba, cosa que lo que le deprimía considerablemente. Lo único positivo de esa situación era que ya no percibía ese miedo agonizante
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