En la primavera del año siguiente a mi partida, regresé al sur del río.No había séquito ni caminos cerrados. Tampoco había servidores de palacio decidiendo qué lugares debía visitar la emperatriz.Viajaba en un barco de pasajeros de lo más corriente. Había hecho paradas en pueblos pequeños y, por culpa de la lluvia, me había perdido la floración en dos ocasiones.Clara lo lamentaba por mí, pero a mí me parecía bien. Podía detenerme cuando quisiera y seguir cuando me diera la gana. Si no alcanzaba a ver aquellos árboles en flor, ya encontraría otros por el camino.Antes de partir hacia el sur, había aceptado que Enrique me acompañara solo hasta el embarcadero del antiguo palacio. Tras mi visita al palacio, caminó conmigo hasta el embarcadero.Durante el trayecto no había viajado en mi barco. Había seguido la ribera a caballo, cambiando de montura por el camino. En cada parada me hacía llegar mapas de la zona y provisiones, sin intentar decidir mis siguientes destinos.Debía regresar pr
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