—¿Por qué sigues preguntando por ese hombre? —La voz de Reginald bajó varios tonos, fría e intimidante. Su mirada recorrió el rostro de Diana hasta que ella bajó los ojos por instinto.
Diana tragó saliva con dificultad. Su voz salió suave, apenas audible.
—Solo tengo curiosidad. ¿Por qué viniste tú en su lugar, Reginald? ¿Adónde fue ese hombre...?
—¿Curiosidad o quieres probar algo nuevo? —Reginald habló en un tono que parecía más una burla que otra cosa.
Diana levantó la cabeza de inmediato