Bebían, bailaban y reían como si fuera una fiesta que no terminara nunca. Maya apuntó el arco del violín en medio de ellos y los chicos enseguida se callaron. —¡Hey! ¡Este es Lucio, viene conmigo, procuren no molestarlo! ¡Tú, Massimo, tragos para tu prima, ya sabes qué me gusta! ¡Vamos, muévete, ma
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