RAVENNA El vestido de terciopelo rojo se me pegaba a la piel como una segunda capa de pintura. Tenía un escote peligrosamente bajo por delante y una abertura que me llegaba hasta la parte alta del muslo izquierdo. Se lo había pedido prestado a Violet, junto con un par de tacones negros destalonados de quince centímetros que hacían que cada paso se sintiera como caminar sobre hielo delgado.Me reajusté la tela sobre el pecho, con el corazón golpeándome contra las costillas. Nunca me había vestido así. En mi habitación del sótano, llevaba túnicas de sirvienta holgadas y botas desgastadas. Llevar algo tan descubierto, tan revelador, hacía que me erizara la piel con una profunda incomodidad.*Es por Leo,* me recordé a mí misma, apretando los puños hasta que se me pusieron blancos los nudillos. *Es por Leo, y es para destruir a Cassian.*Levanté la barbilla a la fuerza, ignorando el golpe afilado de los tacones contra mis tobillos mientras caminaba por el pasillo de mármol de la finca pri
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