BAJO EL MISMO TECHO[KAEL]A las cinco y doce de la tarde ya conozco tres formas de entrar en la casa de Dante Bellori sin utilizar la puerta principal.No porque esté buscándolas. Al menos, no oficialmente.Mercer lleva casi una hora mostrándome la propiedad y, mientras él habla de cámaras, sensores y protocolos de emergencia, yo hago lo que aprendí mucho antes de convertirme en el hombre al que Dante Bellori acaba de confiarle la vida de su hija: observo.La residencia tiene dos accesos terrestres, uno principal y otro destinado al personal, proveedores y determinados vehículos de servicio. El perímetro posterior termina en el agua, donde un muelle privado añade una tercera posibilidad que el sistema intenta compensar con cámaras térmicas y sensores de movimiento.La seguridad es buena. Muy buena, en realidad. Pero ningún sistema es perfecto, especialmente cuando una de las personas que vive dentro está acostumbrada a entrar y salir sin informar a nadie.—¿Alguna pregunta? —pregunta
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