Su mano en su espaldaHelena no podía dejar de mirar la foto.Sabía que debía dejar el teléfono. Sabía que estar en su propia cocina a las ocho de la noche, mirando fijamente el rostro de un desconocido en una pantalla, no iba a cambiar nada, ni explicar nada, ni aliviar la opresión en su pecho.Aun así, siguió mirando.Camila Calloway era de esas bellezas que no necesitan esforzarse. No de esas que surgen del esfuerzo, de madrugar y de la iluminación adecuada. De esas que simplemente existen, fáciles y sencillas, como si nunca se lo hubieran planteado. Cabello oscuro. Rostro fuerte. La postura relajada de una mujer completamente cómoda en cualquier lugar al que entrara.Y Damian…Helena hizo zoom lentamente en su rostro.Llevaba dos años mirando ese rostro al otro lado de la mesa. Conocía todas las versiones de él. La distraída que ponía cuando el trabajo le agobiaba. La cansada que se instalaba alrededor de sus ojos los jueves por la noche. La casi sonrisa que le dedicó cuando ella
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