Antes de salir, me miré una última vez en el espejo. Aquella noche quería verme perfecta para él. Me coloqué un vestido azul ceñido que resaltaba mi figura. Había pasado toda la tarde en el salón de belleza; me recogieron el cabello hacia un lado en un peinado que, después de mirarme al espejo, sentí exagerado para mi gusto. Me hicieron un maquillaje sobrio con tonos claros que hacían que mis ojos cafés parecieran más grandes y profundos.Quería que, cuando Sebastián me viera, se quedara absorto y no pudiera apartar la mirada de mí. Él me había invitado a cenar a uno de los lugares más lujosos de la ciudad, y yo no podía ocultar la emoción que me carcomía por dentro.A las siete en punto, un automóvil negro de alta gama se detuvo frente a mi casa. Sebastián siempre era muy puntual. Provenía de una de las familias más adineradas de la ciudad, dueños de una importante compañía con varias sedes en el extranjero. Yo, en cambio, era solo una empleada de banco que lidiaba todo el día con cl
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