Por un segundo terrorífico, ella solo se me queda mirando. Sus ojos azules bajan directo a mi regazo, a mi mano, y luego a lo que es muy evidente. Entonces sus labios se curvan en una sonrisa lenta y divertida.-Chloe... joder... ¡sal de aquí! -Tiro de la manta con tanta fuerza que casi la rompo, con la cara ardiendo más que el sol de California allá afuera. Mi corazón golpea contra mis costillas como si quisiera escapar antes de que ella haga algo peor que reírse.Ella no se va. Cierra la puerta detrás de sí empujándola suavemente con el talón, con esa manzana a medio comer todavía en una mano y el teléfono en la otra, con el agua aún goteando de las puntas de su cabello sobre los lazos: goteo, goteo, goteo.Los diminutos pantalones cortos para dormir se le suben por los muslos cuando se apoya contra la puerta. -Vaya, Ethan -dice, con voz baja y demasiado entretenida-. Sophia Ramirez, ¿eh? No pensé que lo tuvieras en ti.Escuchó el nombre, por supuesto que escuchó el nombre.Saca su
Leer más