El gran auditorio fue llenándose poco a poco de distinguidos investigadores, miembros del profesorado universitario, estudiantes de posgrado e invitados procedentes de las principales instituciones médicas del país. Las conversaciones fluían con naturalidad por todo el amplio salón mientras los asistentes intercambiaban saludos, comentaban descubrimientos recientes y renovaban amistades profesionales forjadas durante muchos años de colaboración académica. El ambiente transmitía un inconfundible sentido de propósito que Evelyn Carter no había experimentado en mucho tiempo y, mientras tomaba asiento junto al profesor Whitmore, descubrió que escuchaba las conversaciones que la rodeaban con un interés cada vez mayor, en lugar de la incertidumbre que la había acompañado al llegar aquella mañana.El profesor Whitmore saludó a varios colegas mientras pasaban junto a su fila y, siempre que alguno se detenía para conversar con él, presentaba a Evelyn con un orgullo discreto. Aunque la mayoría
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