Elena abrió los ojos y vio un techo completamente blanco.Poco a poco, la imagen se aclaró y ella recuperó la conciencia.Apenas intentó moverse, un dolor intenso la obligó a apretar los dientes.Entonces recordó: alguien fuera de sí la había seguido y embestido. Cuando su carro chocó contra la barrera de protección, perdió el conocimiento. En medio de la confusión, creyó oír una voz que la llamaba por su nombre.Tenía la garganta reseca y no podía mover la parte superior del cuerpo. Con un esfuerzo enorme, giró la cabeza hacia un lado.El dolor en el pecho le arrancó un gemido y despertó a Diana, que dormía recargada junto a la cama.—¡Elena, por fin despertaste!Al ver su rostro pálido, a Diana se le hizo un nudo en la garganta y empezó a llorar.—Me diste un susto horrible. En cuanto supe del choque, vine corriendo. Y te encontré aquí, toda vendada.Le sujetó la mano. Lloraba tanto que las lágrimas se le mezclaban con los mocos. Sus ojos, que apenas habían dejado de estar hincha
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