—Ayúdame. Te pagaré lo que sea —dijo Valeria, con la expresión aturdida mientras rodeaba el cuello del hombre con los brazos, acercándose a él de manera involuntaria.La gran mano del hombre sujetó la nuca de Valeria, obligándola a levantar la vista hacia él. Su voz grave y ronca resonó junto a su oído.—Valeria, ¿sabes quién soy?Ella respondió por instinto:—Gigoló...Al instante, los ojos del hombre se volvieron oscuros y profundos. ¡De verdad pensaba que él era un gigoló! Valeria sintió que la poca cordura que le quedaba se desvanecía, y su tono se volvió desesperado.—¡Si tú no puedes hacerlo, buscaré a otra persona!Las sienes del hombre latían con fuerza, y su voz salió casi apretada entre los dientes.—¡Tú te lo buscaste!Al amanecer, cuando el hombre abrió los ojos, ella ya se había ido hacía mucho, dejando atrás únicamente un collar de platino y una nota.[El collar puede venderse de segunda mano. Vale unos cuantos miles. Considéralo el pago por la noche.]El hombre se quedó
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