Cuando Valeria vio llegar a Vladimir a la fortaleza, rápidamente salió a buscarlo. Había pasado toda la tarde buscándolo, con mil cosas atoradas en el pecho, con asuntos pendientes que no podían seguir esperando, Vanessa, la casa, su lugar ahí… todo. En cuanto lo vio cruzar el umbral con ese andar dominante y seguro, supo que no iba a ser fácil.Cuando Vladimir la vio ir a su encuentro, solo giró los ojos. No estaba de humor para lidiar con su esposa, con preguntas, con exigencias, con sentimientos que no sabía manejar. Aun así, no dijo nada. Fue Valeria quien habló primero.—Tenemos que hablar de algunos asuntos, Vladimir.Él simplemente pasó, por un lado, ignorándola por completo, como si no existiera.Valeria apretó los labios, el orgullo herido, la rabia subiéndole por la garganta. No iba a permitir que la tratara así. Apretó los puños y lo siguió, casi corriendo, porque el hombre daba zancadas largas, firmes, seguras… demasiado largas para sus pequeñas piernas.Saúl y Antonio, qu
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