Emma invitó a Étienne a sentarse con ellos en el jardín principal, todavía cautelosa sobre las verdaderas intenciones detrás de esa visita inesperada, pero dispuesta a escuchar directamente lo que ese hombre, evidentemente distinto en su actitud comparado con sus colaboradores durante la videollamada previa, tenía que decir.—Antes de continuar con cualquier conversación formal sobre negocios —dijo Étienne, con una sonrisa genuina —me encantaría, si no es mucha molestia, probar personalmente alguno de los platos que la han hecho merecedora de tanto reconocimiento. Viajé considerablemente lejos, y sería una lástima no experimentar directamente el talento que motivó nuestro interés original en esta asociación.Emma sintió que una parte de su tensión inicial se disipaba ante esa solicitud tan genuina, considerablemente distinta a la formalidad calculadora que había caracterizado la conversación virtual anterior. Decidió preparar personalmente, esa misma tarde, una versión reducida del me
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