Ocho.Siete.Seis.Cinco...Los números digitales rojos en el monitor del escritorio se desangraban en la oscuridad de la habitación, cortando el silencio sofocante. Mi corazón martilleaba contra mis costillas como un pájaro atrapado.La voz de Julian resonaba por todo el penthouse, fluida y completamente imperturbable mientras contaba los números al compás del monitor, usando los segundos como un arma.Miré a la tía Marissa, cuyos sollozos mudos y desesperados eran el único sonido que rompía la cuenta regresiva. Las luces debajo de su silla continuaban parpadeando, un recordatorio de las cargas de termita atadas allí abajo. Miré a Lena, que temblaba ligeramente a mi lado, con sus labios recién pintados de brillo entreabiertos por un horror silencioso. Luego miré a Silas. Su único ojo oscuro estaba fijo en el mío, completamente firme, completamente letal. No miraba el arma, ni a Julian, ni a la bomba. Esperaba por completo mi señal. Si le decía que disparara, jalaría ese gatillo sin u
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